miércoles, 11 de abril de 2012

UN FUTURO LIBRO SOBRE MONOS...

Algún día terminaré mi libro "LA CIUDAD DE LOS MONOS", un libro de ilustraciones sobre una futura sociedad simia que hereda nuestras ciudades... y se parece sospechosamente a nuestra actual civilización.

Más que un tratado antropológico es un tratado "simiológico".

No sé si es para niños, para adultos, para niños grandes o para idiotas. (Últimamente me siento profundamente idiota, así que probablemente el libro herede algo de mi personalidad.)

Lo empecé a escribir hace casi cuatro años entre ratos libres, guiones que no se producen y depresiones, empiezo a creer que mi trabajo en el cine ha sido y está siendo aún una profunda pérdida de tiempo, ya que no logro dirigir una sola película.

Ahora, casi he terminado de escribir el libro, y este verano empezaré a dibujarlo.

Aquí dejo uno de mis capítulos favoritos:

2.1 LA ESPIRITUALIDAD EN EL MONO

2.1.1 TEORÍAS SOBRE EL MONO Y EL MUNDO

Tras la muerte del Gran Gurú “Uhm-Hummon-Honto-Uhm”, aparecieron nuevas teorías cosmológicas acerca de los orígenes de la tierra y el mono.
Algunas de las más populares fueron:

Teoría de la tierra redondeada:
Algunos monos sostenían que la tierra en realidad no era exactamente plana sino redondeada, pues era una enorme galleta a punto de ser comida por una gigantesca polilla, que era el sol.
La teoría fue rebatida por los científicos por su falta de lógica: las polillas no comen galletas.

Teoría extraterrestre:
Algunos monos sostenían que el mono había llegado del cosmos a lomos de un gran pulpo o vaca voladora, ya que en ese cosmos habitaban todo tipo de seres inteligentes y maravillosos.
Los científicos cuestionaron duramente esta hipótesis:
Si hubiera seres extraterrestres, obviamente ya habrían venido a conocer a tan ilustre y distinguida raza como la del mono para presentar sus respetos.

Teoría de las especies:
Estudios muy elaborados expusieron que el Mono no provenía  del coco, sino del hombre, quien, a su vez, provenía del cerdo, también de piel desnuda y rosada.
La teoría fue rechazada por la indigna hipótesis de una procedencia tan vergonzosa como era la del hombre.

Teoría de Muhungrugru y Muhungrugra:
Era la teoría que gozaba de mayor credibilidad: el Gran Coco creó a Muhungrugru, el primer mono, y de la cera de los oidos de Muhungrugru creo a Muhungrugra, la primera mona, construída para divertirle, pero que podía derretirse de intentar razonar con ella.
Muhungrugru y Muhungrugra tuvieron hijos, quienes a su vez tuvieron hijos con sus hermanos, con sus propios hijos, y estos con sus madres, padres y abuelos.
Era bien sabido por los monos, que las mezclas entre familias mejoraban la pureza de sangre, y esa era la razón de que el mono actual fuera una criatura tan noble.

2.1.2 LAS SAGRADAS ESCRITURAS

Como preceptos básicos de la religión y fundamentos de la moralidad, los monos debían seguir los mandamientos que el Gran Coco otorgó en forma de canción de cuna, para que quedará grabada en la mente de cada bebé mono, antes incluso de aprender a hablar.
Supuestamente, la canción fue ancestralmente transcrita por el Gran Gurú “Uhm-Hummon-Honto-Uhm”, ya que el Gran Coco, a pesar de ser todopoderoso, sorprendentemente no poseía miembros articulados para escribir, o simplemente no sabía.


1 Temerás al Gran Coco sobre todas las cosas, o el Gran Coco te comerá.
2 Infundirás el terror en nombre del Gran Coco, o el Gran Coco te comerá.
3 Dedicarás un día a buscar cocos que entregarás al Gurú, o el Gran Coco te comerá.
4 No comerás carne de coco, o el Gran Coco te comerá a ti… a menos que seas el Gurú.
5 No matarás más que en nombre del Gran Coco, o el Gran Coco te comerá.
6 No cometerás cualquier cosa que no agrade al Gran Coco, o el Gran Coco te comerá.
7 No robarás, salvo si son obsequios para la Orden del Coco, o el Gran Coco te comerá.
8 No mentirás a los enviados del Gran Coco, o el Gran Coco te comerá.
9 No consentirás pensamientos propios, o el Gran Coco te comerá.
10 No codiciarás tus propios bienes, o el Gran Coco te comerá.

De esta forma el terror al Gran Coco devorador de simios quedaba garantizado, así como su completa obediencia férreamente fundamentada.
A continuación, una de las canciones-rezo más populares, usada para aterrar a niños y adultos:


Aaahh!
Gran Coco que acechas desde el cielo,
Antes de darnos fin,
Danos un susto cada día,
Y déjanos aterrados,
Así como nosotros nos aterramos sólo de pensar en ti,
Pero no nos devores aún.
Tuyo es el reino del terror y del susto por siempre, Coco!
Aaahh!
Llegue a nosotros tu horrible estampa,
Y no nos mate de un infarto,
Aunque nos lo merecemos,
Pues sabemos que somos culpables de ser tan apetitosos,
Pero no nos comas aún.
No nos dejes caer aún dentro de tus fauces
Y líbranos de ti de vez en cuando.
Aaahh!


2.1.3. EL MÁS ALLÁ

El mono vivía la mayor parte de su tiempo esclavizado por el terror del “más allá”, representado por el estómago del COCO y el sufrimiento perpetuo.

Los monos creían que la muerte de un mono se debía a que el Gran Coco devoraba su alma.
Una vez que el Gran Coco se había tragado el alma, quedaba ésta atrapada en su interior, perpetuamente condenada a desgastarse en el “Ahuuga-Kongaa” o “eterno trabajo”: un esfuerzo carente de sentido, deprimente, rutinario y estresante junto a otras miles de almas ahogadas de frustración.

La única salvación posible ante este horrible destino era que cada mono abasteciera a la Sagradísima Órden suficientes plátanos y cocos como para entretener el apetito del Gran Coco y retrasar así el momento de ser comido, demorando su merecida condena.
Merecida, si, pues, según las sagradas escrituras, el mono era culpable de mostrarse tan apetitoso a los ojos del Gran Coco.

Si bien algunos monos consideraban estos asuntos una patraña inverosímil, incoherente y grotesca, propia de embaucadores que pretendían enriquecerse a través de aterrorizar al pobre pueblo analfabeto… habían de permanecer discretamente velados en la sombra, por temor a las torturas de la Sagradísima Órden del Coco o sus aterrados seguidores.

2.1.4. RITUALES FUNERARIOS
Cuando un mono moría, su carne era comida por amigos y familiares para evitar que el Gran Coco lo hiciera, sobretodo en época de escasez.
Era habitual, en cualquier funeral, encontrar vecinos, mendigos y oportunistas que decían ser amigos del difunto para poder comérselo.
Todos hablaban maravillas de él, con tal de llevarse una sabrosa porción.
Con los huesos se construían hermosos collares, bastones y juguetes para niños, hasta que sólo quedaba la parte donde residía el alma del mono, que se otorgaba al Gran Coco; Las heces de los muertos.
Dichas heces se guardaban en una balsa-urna de contención. (Un zapato en la ilustración)
Después cada uno de los familiares dirigía unas últimas palabras a esos excrementos, y  
la balsa-úrna se tiraba al río, momento en que el sacerdote cantaba una bella canción funeraria.

Oh! Oh! Oh!
YO soy el terror y la muerte, dice el Coco:
El que me tema, aunque esté muerto, sufrirá.
y todo aquel que vive, y me teme, sufrirá eternamente.
Yo sé que mi verdugo me persigue, y al fin me atrapará
en el excremento, y después de deshecho en este sedimento,
aún he de sufrir al Coco: al cual tengo que padecer en persona,
y mis ojos no lo resistirán, y lo voy a pasar muy mal.
Nada bueno hemos traído a éste mundo, y sin duda nada bueno podremos dejar tras nosotros.
El abominable Coco me hizo mal, y luego me comió, !Maldito sea el Nombre del Coco!
Oh! Oh! Oh!

Una vez completo el ritual, sólo quedaba distribuír la molesta herencia, un fastidio para todos, pues también debían ser comidos los objetos personales del difunto.

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